¿En qué debo fijarme? ¿Por qué debería hacerlo?

Hace unos meses me encontraba por redes una frase que caló en mí sin saber muy bien por qué. Decía lo siguiente:

«La tecnología no desplazará a los profesionales sanitarios. Serán los profesionales sanitarios que sepan usar la tecnología los que desplacen a los que no”

El regustillo de la frase me acompañó durante un tiempo, y no solo porque no hiciera referencia a la famosa “telerehabilitación”, un término que habré escuchado más que “El Juego del Calamar”. Esa sensación agridulce de compañeros desplazando a compañeros me parecía demasiado agresiva, pero a la vez entendí que era algo realista, plausible, que podía ocurrir.

Como siempre me pasa, tras procesarlo durante unos días desde diferentes perspectivas, la reflexión caló y desapareció. Pero como el final de una buena película, sabía que la sensación me acompañaría un tiempo.

Hace un par de semanas, un colega me preguntó:

“Oye Jesús, yo quiero empezar a usar tecnología, realmente creo que puede mejorar mi práctica clínica, pero no sé por dónde empezar, nadie me ha enseñado cómo hacerlo”.

Y en ese momento todas las piezas encajaron. Lo que realmente me resultaba agresivo de la cita no era ese “compañeros desplazando a compañeros” -o que no estuviera referenciado por ejemplo por Darwin et al., que también me chocaba bastante-, era que los clínicos NO tenemos de base conocimientos ni habilidades acerca de la tecnología, NO es una de nuestras competencias, APENAS se nos enseña algo de esto en la carrera -ya sea fisioterapia, rehabilitación, terapia o cirugía-.

Y aquí estoy, un domingo por la mañana escribiendo.

Os contaremos nuestras experiencias y aprendizajes implementando durante años tecnología en la práctica clínica -fundamentalmente digital y dirigida al tratamiento y la telerehabilitación-, tras haber trabajado con cirujanos, fisioterapeutas, rehabilitadores y terapeutas ocupacionales en más de 10 países diferentes.

Bienvenido al camino: Los 6 pasos para incluir tecnología en la práctica clínica

1. ¿A qué paciente esperamos alcanzar con la tecnología?

Quizás intuís que el primero de “Los 6 pasos para incluir tecnología en la práctica clínica” debe ser uno de los más importantes, si no el que más. Pues bien, estáis en lo cierto 😊

El primer paso para incluir tecnología es definir qué queremos resolver con su implementación.

No olvidemos que la tecnología debe ser una solucionadora de aquellas necesidades que tenemos con nuestros pacientes.

En nuestra experiencia, para determinar su necesidad, generalmente los compañeros suelen hacerse la siguiente pregunta:

¿Qué patología es para mí un dolor de cabeza?

¿Qué problema quiero resolver implementando la herramienta digital?

Aquí se puede interpretar un “dolor de cabeza” por su incidencia, o por la complejidad para su abordaje con los métodos que disponemos, o simplemente porque creemos que podemos mejorar el abordaje que hacemos a través de la tecnología.

Este último elemento es realmente importante desde el punto de vista académico. En los últimos años hemos visto tecnologías que conseguían abordar una esfera que era difícilmente abordable antes de que existieran. Un ejemplo -muy cercano de hecho, el de nuestro equipo de investigación con ReHand 😊-, es el uso de las pantallas táctiles de dispositivos Tablet para generar un trabajo no solo periférico sobre el tejido lesionado, sino también central a través de mecanismos aferentes y eferentes cuyo objetivo es conseguir una reorganización de la corteza cerebral que se encuentra desdibujada, para conseguir una aceleración de la recuperación (Referencia). Vaya… Os prometo que no quería hacer esto demasiado académico 😎.

¡ReHand acelera los tiempos de recuperación en lesiones de muñeca-mano-dedos!

Más allá de esta especificidad por patología, muchos otros compañeros implementan la tecnología de forma más transversal, por ejemplo, para mejorar la adherencia de sus pacientes a sus programas de ejercicio terapéutico.

No es nada nuevo que el ejercicio terapéutico ha mostrado tener evidencia en patologías tan frecuentes en nuestra clínica como el Dolor de Espalda, Dolor Cervical o Problemas del Manguito rotador. Tampoco es nada nuevo si os digo que la adherencia es vital si queremos obtener los resultados beneficiosos deseados . Sin embargo, no existe un método fiable para medirla actualmente…

Hasta que implementamos tecnología, y sí que tenemos un método objetivo para monitorizar la adherencia del paciente y su desempeño, empoderándolo en su proceso de recuperación.

En conclusión, antes de que inviertas en una tecnología o de que propongas su inclusión en tu servicio, piensa bien:

¿Por qué o para qué pacientes estoy implantando esto? ¿Qué nos va a aportar?

Desde nuestro punto de vista, este razonamiento previo es fundamental para generar unas expectativas realistas y conseguir sacarle el máximo rendimiento.

2. ¿Es la edad del paciente un factor a tener en cuenta para prescribirle o no tecnología?

Entramos en el segundo de “Los 6 pasos para incluir tecnología en la práctica clínica”: ¿Cuál es el perfil de paciente idóneo para prescribir tecnología?

Podríamos hablar largo y tendido acerca de esto, comentando por ejemplo las impresiones de diferentes autores acerca del tema, pero ese no es el objetivo de esta serie de entradas. El objetivo es compartir de forma sencilla nuestra experiencia con el uso de la tecnología y la telerehabilitación en cirugía, fisioterapia, rehabilitación y terapia, con pacientes de todas las edades. Por eso, suelto ya la “bomba”:

«Aunque la edad sea uno de los principales factores a tener en cuenta, NO es crucial para el uso de una tecnología. El factor principal seremos NOSOTROS, los prescriptores»

Un paciente mayor que recibe su tratamiento de Telerrehabilitación en Tablet tras su lesión de la mano. Las Nuevas tecnologías también son para ellos.

Para que no me lluevan comentarios por este artículo, voy a intentar aterrizaros la reflexión detrás de esto: La capacidad de usar la tecnología depende de tantos factores socioculturales e individuales (cada uno con su mayor o menor relevancia) que realmente la edad NO debe ser un factor crucial (por ejemplo, típico razonamiento de “si el paciente tiene más de 60 años no le voy a prescribir tecnología”), SI BIEN será un factor a tener en cuenta en la educación que le demos a los pacientes.

¿Educación que le damos a nuestros pacientes? ¿A qué me refiero? Siempre que prescribamos una tecnología, sobre todo si ésta implica un uso de forma autónoma y domiciliaria por el paciente, debemos de educar al paciente en su uso. “Uf yo voy a tope en mi consulta” o “en mi servicio es imposible por la cantidad de pacientes que tenemos”, son las típicas reflexiones que se nos vienen a la mente. Mi respuesta: Si no puedes dedicarle al menos 5 min. a la prescripción, ni te plantees implementar tecnología. ¿Por qué?

Según nuestra experiencia, nuestra prescripción como clínicos es el factor más determinante del éxito de la tecnología. Esto hace que tú -fisioterapeuta, rehabilitador, terapeuta, cirujano…- seas el factor crucial en el uso de la tecnología. Estamos hartos de escuchar afirmaciones como “La tecnología consiguió estos resultados en los pacientes”, “La tecnología acortó el proceso de recuperación”… Pero eso no es verdad. Esos resultados los conseguiste tú, el prescriptor, a través de un uso eficiente y eficaz de la tecnología. A los clínicos no nos gusta esto, pero por favor, pongámonos las medallas cuando las merecemos.

Volviendo a la falta de tiempo en consulta: en vista de los resultados que hemos obtenido en ensayos clínicos previos, os podemos asegurar que NO SE PIERDEN 5 minutos de la sesión en prescribir y explicar. Se INVIERTEN para conseguir mejores resultados en nuestro paciente.

En el siguiente capítulo, la respuesta a la siguiente pregunta: Vale, ya he comprendido la importancia de mi prescripción cuando use tecnología con mis pacientes, pero, ¿Eso cómo lo aprendo?

3. ¿Es importante la formación sobre tecnología cuando esperamos incluir una?

La respuesta a este tercer paso de “Los 6 pasos para incluir tecnología en la práctica clínica” quizás ya os la sepáis.

“¿Es importante la formación sobre tecnología cuando esperamos incluir una?”

La respuesta es “no”, no es que sea importante la formación a la hora de incluir una tecnología, es que es “indispensable”.

Ya hemos mencionado anteriormente que no teníamos suficiente formación en la Universidad acerca de la inclusión de nuevas tecnologías, o de la relevancia de la prescripción. Esto es importante recalcarlo: el éxito de la prescripción depende directamente del conocimiento y el manejo que tengamos sobre la tecnología, y esto solo es posible a través de una óptima metodología formativa.

Toda la vida, los clínicos independientemente de nuestras áreas -rehabilitación, fisioterapia, terapia…-, hemos recibido a comerciales en nuestra clínica o unidad que nos han presentado herramientas tecnológicas de diferentes casas comerciales -o incluso nos han introducido tecnología dentro del servicio-, sin apenas existir ninguna mención a la formación.

Comentándolo con decenas de compañeros, creo que existe cierto consenso tanto en La causa como en La consecuencia de esto.

La causa es que el avance tecnológico y científico alrededor de la tecnología no es lo que era hace algunas décadas. Esto genera que las tecnologías que hoy nos planteamos incluir dentro de la práctica clínica sean mucho más disruptivas que las de hace 10 o 20 años – a nivel tecnológico, a nivel científico, o a ambos niveles-.

Como conclusión, muchas veces (y cada vez se acentuará más) las bases técnicas y científicas de la tecnología que nos vienen a presentar serán solo parcialmente conocidas (típico que hemos leído en algún paper, o en algún hilo), sin haber sido abordadas ni en la Universidad ni en postgrados.

La consecuencia de esta falta de formación en la inclusión de la tecnología es crítica: falta de uso y la caída en el olvido. Todos tenemos en la sala cacharros que compramos en su día y que no usamos, eso es una realidad. Realmente, incluir tecnología en la práctica clínica es un proceso arduo, requiere esfuerzo por nuestra parte, tanto de integración de las bases científicas como de su forma real de uso y aplicabilidad, en aras de conseguir un salto cualitativo en la calidad asistencial que ofrecemos a nuestros pacientes. Es una inversión inicial en tiempo que sin duda nos traerá un retorno futuro. Lo fundamental es que ese retorno llegue lo más pronto posible.

En ReHand decidimos incluir métodos formativos para conseguir una implementación efectiva y rápida de la tecnología en la práctica clínica.

Por ello, a raíz de todo el trabajo conjunto con cientos de compañeros -entre los que se encuentran cirujanos, fisioterapeutas, rehabilitadores, terapeutas…-, hemos desarrollado un método de formación que nos permite hacer una implantación efectiva y rápida de la tecnología. Este método se basa en tres pilares: sesiones formativas, sesiones de seguimiento y píldoras formativas. El objetivo de esta metodología es que, a través de iteraciones rápidas, se comience a usar la tecnología con pacientes e ir aprendiendo de su uso (“learning by doing”), siempre acompañados por personas de nuestro equipo de investigación para ir avanzando lo más rápido posible en la curva de aprendizaje.

En nuestra experiencia, esta es la base del éxito que están teniendo compañeros por todo el mundo con nuestra tecnología: “Nosotros os damos todo nuestro conocimiento, vosotros decidís cómo emplearlo”.

En el siguiente punto abordamos el término «evidence-based» en las tecnologías, pero, ¿Cómo mido esto? ¿En qué debes fijarte?

4. ¿Realmente debe ser todo “evidence-based” como tanto dicen los artículos?

Vaya, realmente entramos en mi tema favorito -relacionado con mi tesis doctoral-, intentaré no irme muy por las ramas (pero no prometo nada :D).

Primera pregunta, ¿Qué significa que algo esté basado en la evidencia? Pues que se haya tenido en cuenta la evidencia científica para su desarrollo. Pero, ante un océano de artículos que componen toda esta evidencia científica, ¿Cómo podemos saber que aquellos en los que nos basamos sean los más indicados? La cosa se pone interesante…

Existen diferentes guías europeas que orientan a los fabricantes de tecnología acerca de cómo deben realizar toda esta búsqueda e identificación de la evidencia científica adecuada. Se insta a los fabricantes a realizar una revisión bibliográfica siguiendo un procedimiento estructurado. Dentro de esta revisión, existen diferentes formas de cribar la evidencia localizada para quedarnos con aquella más relevante o de mayor calidad. Algunos ejemplos de prácticas comunes son: Descartar aquella evidencia que haya sido publicada hace más de X años (porque se considere des(o no tan)actualizada, tener en mayor consideración aquella evidencia que esté publicada en revistas con un factor de impacto alto (porque se considera que estas revistas tienen unos requisitos más estrictos que condicionarán una mayor calidad), etc.

Los productos sanitarios que quieras implementar, ¡deben estar basados en la evidencia científica!

Y ahora me dirás: “vale Jesús, pero yo que la voy a implantar, ¿Qué hago? Aterriza please” Ahí va.

Debemos tener una mentalidad crítica acerca de la tecnología, y entender las bases científicas aplicadas. Por favor, solicitad cualquier tipo de documentación que necesitéis para evaluar la implementación, esto es realmente importante. Muchas veces los clínicos creemos que por pedir más información o hacer muchas preguntas estamos dejando ver a la marca o los creadores de la tecnología que somos desconfiados. Ni mucho menos. Si detrás de la tecnología hay un equipo de clínicos que se ha encargado del diseño y validación de la tecnología, les encantará responderte a todas las cuestiones.

¿Quién sabe si a raíz de tus preguntas se encuentran nuevas formas de uso o líneas de investigación futuras? 🤓

Y es que, cuando un equipo transfiere una tecnología, realmente está transfiriendo todo su conocimiento al servicio, unidad o clínica que la implanta. Te está dejando el testigo.

[email protected], investiga, innova… “Como humanos, la innovación es nuestro superpoder”, y los clínicos somos los responsables de ponerlo al alcance de los pacientes.

5. ¿Debería incorporar una tecnología basada en dispositivos o algo más digital?

Quinto de “Los 6 pasos para incluir tecnología en la práctica clínica”: ¿Dispositivos o plataforma digital? Y la respuesta es…. “Depende”. Volvemos a uno de los primeros pasos: ¿Qué nos genera un dolor de cabeza? ¿Está en la valoración? ¿Está en el tratamiento? Fundamentalmente porque las plataformas digitales llegan hasta un cierto punto, no esperes tener datos de la actividad electromiográfica de un músculo sin un dispositivo específico.

Por ello, especialmente en este paso, te voy a hablar 100% de “nuestro dolor de cabeza”. Igual a ti también te pasa, o no (gafas). Allá cuando empezamos con todo este tema de la tecnología y la telerehabilitación en la práctica clínica, allá por 2016, teníamos un problema con el tratamiento domiciliario. Sabíamos que carecía de sentido traer al paciente todos los días a consulta, pero los formatos de prescripción de ejercicio terapéutico estaban desfasados:

La típica hoja de ejercicios dejó de tener sentido, era imposible monitorizar lo que el paciente hacía o dejaba de hacer, o si los hacía correctamente.

Con el formato vídeo no conseguíamos mucho más. Aunque al paciente le quedaba más claro cómo realizar el ejercicio, seguía siendo imposible controlar lo que el paciente hacía en casa (apps de vídeos descartadas).

El momento en el que descubrimos los dispositivos (guantes, wereables, videojuegos) cambió nuestra vida 😊. Conseguían todo lo que íbamos buscando: feedback, adherencia, incluso podríamos introducir el abordaje sensoriomotor en el tratamiento. Pero claro, inicialmente no tuvimos en cuenta el principal factor: el dispositivo en sí.

¿Cómo le dábamos un dispositivo a todos los pacientes? Hacer que el paciente lo comprara era imposible, dependía directamente del nivel socioeconómico de la persona, y no íbamos a hacer una tecnología al alcance de unos pocos…

¿Y comprarlo nosotros y dejarlo a los pacientes? Esa era una posibilidad, pero nos abría un nuevo dolor de cabeza, a nivel logístico: “¿Quién tiene el dispositivo 9, Paula o Antonio?” “¿Era hasta el mes que viene cuando lo tenía Pedro, no? ¿Es que después de lo dejaremos a Juan?” Un lío.

Nada, solo había una posibilidad -recalco, ¡para nosotros! 🤓-: coger todo lo que nos enamoró de los dispositivos específicos e introducirlo, gracias al software, dentro de los dispositivos comunes como móviles, Tablets o computadores. En 2016 no era tan fácil encontrar un dispositivo que encajara con nuestros requisitos técnicos, pero en estos años estos dispositivos se han democratizado muchísimo, tienen un coste muy inferior con una calidad mayor.

El tiempo nos ha dado la razón. Generalmente, para que el paciente se lo lleve a casa, los compañeros prefieren estas plataformas más digitales a tener que estar cacharreando con dispositivos, ¡pero esto es solo una opinión personal!

En cualquier caso, como hemos comentado ya anteriormente. Sé crí[email protected] con la tecnología que vayas a introducir, reconoce tu “dolor de cabeza en consulta”, valora las posibilidades (y las posibilidades de tus pacientes) y no temas en consultar con otros compañeros o equipos clínicos. Tú serás el dueño o dueña de la tecnología, y no se puede prescribir de forma óptima una tecnología que no se valora, o en la que confías al 100%.

6. ¿Por qué voy a esforzarme para hacer esto? ¿Por qué incluir tecnología?

Et voilá, último de “Los 6 pasos para incluir tecnología en la práctica clínica”, el retorno. Está claro que incluir tecnología requiere un esfuerzo por nuestra parte, ha quedado patente en los pasos anteriores. Podríamos decir que es un proceso de aprendizaje, tanto de las bases científicas como del uso de la tecnología como tal. La habilidad que tengamos sobre este aprendizaje y control va a determinar el éxito que tengamos en su implementación con los pacientes -esto es algo que hemos hablado previamente-. Entonces Jesús, ¿Para qué tanto esfuerzo?

Pues como todo en esta vida, depende. Cada fisioterapeuta, rehabilitador, terapeuta o cirujano tiene una motivación diferente, aunque está claro que una se mantiene: el mejorar la atención asistencial que ofrecemos a los pacientes para optimizar su recuperación (aceleración de la recuperación, reducción de secuelas…).

Tras nuestra experiencia trabajando con muchos compañeros, podemos decir que las motivaciones varían.

Algunos compañeros que introducen tecnología para el tratamiento quieren que el paciente trabaje de forma precoz, independientemente de la lista de espera para su servicio o unidad.

Otros compañeros buscan una aceleración de la recuperación que genere una descongestión del servicio, a la vez que reducen las sesiones presenciales y complementan el trabajo en casa del paciente.

Algunos -MUCHOS- otros buscan poder empoderar al paciente en su tratamiento y darle herramientas para el trabajo autónomo domiciliario.

Usar dispositivos tan comunes como smartphones, nos dió la solución a este problema

Sin embargo, hay un factor que también es muy importante (y que muchas veces los clínicos no tenemos en cuenta). Los pacientes valoran la tecnología -sobre todo cuando el clínico también la valora, la controla y hace la prescripción de forma eficiente-. ¿Y esto qué significa? Que la tecnología va a repercutir en el valor que percibe el paciente que le has ofrecido. Algunos compañeros (de la privada) cobran un plus por esa prescripción de la tecnología, lo cual es algo que tiene mucho sentido: “Yo he invertido una serie de horas para controlar esto, por ende, te voy a proporcionar algo de forma experta que debe ir más allá del abordaje convencional)”.

Que está claro que la tecnología en la práctica clínica ha venido para quedarse es un hecho, pero que (1) implementar esta tecnología está a nuestro alcance, y que (2) la tecnología está ahí para solucionarnos necesidades, también.

Y eso es todo amigos. Si tenéis alguna duda, podéis encontrarnos en nuestras REDES!!!

Jesús Blanquero | Doctor en Ciencias de la Salud, Fisioterapeuta y experto en innovación y regulatorio

Alejandro Suero | Doctorando en Ciencias de la Salud, Fisioterapeuta y divulgador científico

Pablo Rodríguez | Doctorando en Ciencias de la Salud, Fisioterapeuta y Experto en comunicación y marketing digital