Se estima que cerca de 260 millones de persona padecen artrosis sintomática en rodillas, la cual produce grandes limitaciones funcionales. Aunque afecta a un amplio porcentaje de la población, esta enfermedad no tiene cura, y su abordaje suele ir dirigido a la reducción de síntomas y a la mejora de la autonomía y capacidad funcional del paciente.

Las guías más actualizadas como la publicada en 2020 de la American College of Rheumatology y la Arthritis Foundation (Kolasinski SL et al 2019) o la Osteoarthritis Research Society International (OARSI) de 2019 (Bannuru RR et al 2019) recomiendan el uso de intervenciones no-quirúrgicas y no-farmacológicas centradas en tres pilares fundamentales: Estrategias de Autogestión de la enfermedad, Educación y Programas de Ejercicio Terapéutico o Actividad Física.

American College of Rheumatology y la Arthritis Foundation (Kolasinski SL et al 2019)

Aunque la evidencia aboga por el efecto positivo del Ejercicio Terapéutico sobre estos pacientes, no siempre se consigue el efecto deseado. Trabajos previos han estimado que tan solo el 40-60% de los pacientes consiguen mejoras en dolor y función relevantes tras una intervención con ejercicio.

A día de hoy, no sabemos por qué existen personas que sí mejoran su estado mediante la realización de ejercicio terapéutico, mientras que otras no lo hacen.

Ante esta situación de incertidumbre, RS Hinman et al 2023 decidieron analizar mediante un estudio cualitativo con entrevistas, las percepciones de los pacientes que sí respondieron positivamente a la intervención con ejercicio terapéutico y actividad física, frente a los que no.

Entrevistas a pacientes tras realizar Ejercicio en Artrosis de Rodilla

El estudio entrevistó a un total de 26 personas con artrosis de rodilla (12 que sí respondieron al tratamiento con ejercicio, y 14 que no). Los resultados de las entrevistas dieron una serie de puntos diferenciales entre los participantes:

Experiencia de pacientes que NO mejoraron con ejercicio

Los participantes expresaron varios puntos relevantes dentro de un programa de ejercicios: la individualización del mismo, guiado por su fisioterapeuta, encontrando motivador el registro y monitorización de los ejercicios por parte de su terapeuta. Este hecho viene ligado con una relación terapéutica positiva con su fisioterapeuta, y la selección de objetivos alcanzables.

El sistema de telerrehabilitación RehBody monitoriza la evolución y adherencia del paciente.

Al entrar en las propias actitudes personales y expectativas, los pacientes expresaron una actitud de resignación con el dolor de la rodilla, y no aceptando que el ejercicio pudiera provocarles dolor en la rodilla. Este punto contradijo a los que sí mejoraban tras el ejercicio, ya que estos refirieron que no mejorarían sin tener cierta molestia en el camino con la frase «no pain no gain«.

Una característica exclusiva de los que no respondieron al tratamiento fue la aceptación de la responsabilidad. Estos pacientes sin mejora, se sentían responsables de su falta de respuesta al ejercicio, reconociendo que el cumplimiento de los objetivos de ejercicio y actividad física no era tan bueno como debería haber sido. Este último detalle coincide con las bajas cifras de adherencia al ejercicio.

Aunque ambos grupos opinaban que el ejercicio era importante para abordar su artrosis de rodilla, en los que no respondieron al tratamiento, esta idea se basaba en algo teórico y no en experiencia real. Otro punto dentro de sus creencias fue la idea de que la artrosis era una enfermedad de «desgaste articular». Específicamente, su peso corporal como factor contribuyente a la aparición de la artrosis, creyendo que el sobrepeso probablemente contribuía a sus problemas de rodilla y a la falta de respuesta positiva al ejercicio.

Los que no respondieron describieron patrones más variables de cumplimiento del ejercicio, a menudo no realizaban tantas sesiones de ejercicio como se les había prescrito o sólo lo hacían durante poco tiempo. Es decir, niveles de adherencia más bajos. Los no respondedores eran más propensos a reducir o interrumpir el ejercicio en respuesta a cualquier agravamiento del dolor de rodilla o cuando se encontraban con obstáculos que dificultaban la adherencia.

Entre las barreras para la realización del ejercicio, los participantes que no respondieron al ejercicio refirieron la presencia de comorbilidades (enfermedades cardiovasculares, cáncer, problemas de estabilidad, fibromialgia, etc.) como un factor que podían influir en su capacidad de desempeñar el tratamiento. Además, también fue referido la presencia de situaciones y circunstancias estresantes emocional o mentalmente, que influían en su capacidad para cumplir el programa de ejercicio.

Con respecto al efecto del ejercicio, los pacientes refirieron que la mejora de fuerza era el factor principal de mejora de la sintomatología. Otro punto muy interesante, es que puntualizaron en la inadecuada elección de métodos de evaluación de resultados, ya que opinaban que no captaban sus principales problemas relacionados con la osteoartritis de rodilla.

Citan textualmente en el artículo:

«Las mediciones del dolor y la función física no captaban sus principales problemas relacionados con la osteoartritis de rodilla, y si en las encuestas se hubiera preguntado por otros problemas (por ejemplo, caídas, pérdida de peso) o por actividades más relevantes a nivel personal (por ejemplo, capacidad para montar en bicicleta, conducir largas distancias, esquiar, practicar artes marciales), entonces podrían haberse observado resultados beneficiosos de la intervención«

Experiencia de los pacientes que SÍ mejoraron con Ejercicio

Las personas que respondieron al ejercicio se sintieron capacitadas para autogestionar su artrosis, debido a los conocimientos que habían adquirido sobre la artrosis y la seguridad del ejercicio, y a la confianza que habían adquirido para continuar o reanudar el ejercicio de forma independiente cuando fuera necesario.

Estos pacientes que sí mejoraron, refirieron al concepto del «no pain, no gain«, conocían que el ejercicio es importante desde su propia experiencia, y mostraron altos índices de adherencia.

Los pacientes mostraron ciertas similitudes con respecto a los que no mejoraron: los componentes de la intervención que facilitaron el compromiso, las actitudes y expectativas personales, las creencias sobre la OA y el papel del ejercicio, la importancia de la adherencia y las ganancias de fuerza percibidas del ejercicio.

Entonces… ¿Qué 8 estrategias puedo adoptar para potenciar el efecto del ejercicio terapéutico?

A raíz de esta información, los profesionales de la salud podemos incluir en nuestra intervención, estrategias que busquen solventar estas limitaciones y problemas referidos por los pacientes en las entrevistas.

Recursos para promover la adherencia y motivarlos a realizar el ejercicio, sistemas de monitorización p la individualización del programa, son algunos de ellos. A continuación, exponemos 8 puntos que puedes aplicar:

1️⃣Detección de posibles comorbilidades (tales como otros problemas musculoesqueléticos) e individualizar el programa de ejercicio a sus necesidades.

2️⃣Controlar de manera cercana el impacto del ejercicio sobre la sintomatología de la rodilla y las otras comorbilidades.

 3️⃣Enseñar a los pacientes estrategias de afrontamiento positivos ante la aparición de brotes dolorosos.

4️⃣ Escucha activa y comprensión de posibles factores estresantes y acontecimientos vitales inevitables. El profesional debe apoyar al paciente y animarlo a retomar la actividad lo antes posible.

 5️⃣Abordar desde la educación enfocado en el empoderamiento y enfoques psicológicos, el control del dolor y el estrés. Fomentar la autoeficacia.

6️⃣Monitorización cercana de la adherencia al ejercicio. El uso de herramientas digitales o aplicaciones móviles es una opción.

7️⃣ Agregar consultas adicionales de fisioterapia de manera temporal (sesiones de refuerzo), mensajes o recordatorios para apoyar la realización del ejercicio o el uso de Sistemas Digitales de programación de ejercicios, pueden potenciar la adherencia al ejercicio.

8️⃣ El uso de herramientas de evaluación como la Patient-Specific Functional Scale (PSFS) permite seleccionar actividades relevantes para el paciente, para así detectar de manera más precisa la respuesta al ejercicio.

¿Quieres más herramientas para potenciar la adherencia al Ejercicio de tus pacientes? Accede a nuestro blog «Las 14 claves para promover la adherencia al ejercicio terapéutico«.

RehBody, Telerrehabilitación para la monitorización y tratamiento de la artrosis de Rodilla

Como viene diciendo el estudio, una forma de conseguir reducir ese % de pacientes que no responden positivamente al ejercicio terapéutico, es implementar sistemas digitales o aplicaciones móviles, que nos faciliten la inclusión de diversas intervenciones. Aquí es donde RehBody puede aportar mucho valor a nuestros tratamientos en artrosis de rodilla.

RehBody es una herramienta de telerrehabilitación que permite la Prescripción de Programas de ejercicio individualizados y adaptados al paciente y a la patología, Tratamiento del paciente mediante programas de ejercicio terapéutico guiados y controlados por tecnologías de Inteligencia Artificial, y Monitorización de la adherencia al programa y de la evolución del estado del paciente mediante envío de escalas validadas.

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Referencias

Kolasinski SL, Neogi T, Hochberg MC, Oatis C, Guyatt G, Block J, et al. American College of Rheumatology/Arthritis Foundation Guideline for the Management of Osteoarthritis of the Hand, Hip, and Knee. Arthritis Care Res (Hoboken). 2020;72(2):149-62

Bannuru RR, Osani MC, Vaysbrot EE, Arden NK, Bennell K, Bierma-Zeinstra SMA, et al. OARSI guidelines for the non-surgical management of knee, hip, and polyarticular osteoarthritis. Osteoarthritis Cartilage. 2019;27(11):1578-89

Hinman R, Jones S, Nelligan R, Campbell P, Hall M, Foster N, et al. Why don’t some people with knee osteoarthritis improve with exercise? A qualitative study of responders and non-responders. Arthritis Care Res. 2023;3.

Pablo Rodríguez Sánchez-Laulhé
PhD Candidate | PT and eHealth Researcher