Vivimos en una era dorada de la información. Tenemos acceso a todo tipo de información (ensayos clínicos aleatorizados, guías de práctica clínica, etc.) y de tecnología para ofrecer a nuestros pacientes el mejor tratamiento. Sin embargo, todo esto va a la basura cuando el paciente parece decidir que no va hacer los ejercicios en casa.
Hoy vamos a hablar de la adherencia terapéutica, de cómo la tecnología nos quita la venda de los ojos, de cómo leer datos para tomar mejores decisiones, y de qué estrategias reales podemos aplicar mañana mismo en nuestra consulta.
Podemos diseñar el tratamiento más sofisticado del mundo, periodizado al milímetro y basado en la última revisión Cochrane. Pero si el paciente llega a casa, guarda la hoja de ejercicios en un cajón o ignora el PDF/video en su teléfono, el efecto terapéutico de ese programa es exactamente cero.
Esto no solo lo sabemos todos los clínicos por experiencia, la literatura científica respalda esta frustrante realidad empírica. Los estudios de Jack et al. (2010) y revisiones paraguas más recientes como la de Collado-Mateo (2021) nos muestran que las tasas de no adherencia en programas de fisioterapia ambulatoria varían entre el 50% y el 70%. Esto significa que más de la mitad de las personas que acuden a nosotros buscando ayuda, no hacen lo necesario para mejorar cuando no estamos delante.
Respondiendo a nuestra pregunta: ¿Sirve de algo monitorizar la adherencia al tratamiento de nuestros pacientes?
Bueno, en nuestra opinión nos atrevemos a decir: No, por sí mismo medir la adherencia no sirve de nada. Es solo el primer paso para darnos cuenta lo que ya sabíamos: los pacientes no hacen nada.
Saber que el paciente tiene un 20% de cumplimiento en la app no cura al paciente. El dato por sí solo es inerte. El siguiente y verdadero paso como profesionales sanitarios es formarnos en el cambio conductual y establecer estrategias clínicas para modificar ese dato.
La monitorización realmente es el diagnóstico de la conducta. La única forma de impactar en estos datos, es mediante estrategias de comunicación y adaptación del programa.
Hay muchas formas de mejorar la adherencia de nuestros pacientes, pero en este blog os quiero hablar de algunos puntos que muchos compañeros pasan por alto y son fundamentales. Antes de esto, debemos contar con una tecnología que nos ofrezca estos datos y más importante aún: ¡debemos conocer y saber leer los datos de esta tecnología!
📊Alfabetización de datos
Hoy en día es muy normal pedir estudios o resultados para evaluar nosotros mismos una tecnología, técnica o procedimiento pero, ¿sabemos interpretar esta información?
Para saber si una tecnología, una técnica o un programa de ejercicio realmente funciona, debemos dominar dos conceptos clave: el MCID y el Intervalo de Confianza del 95% (IC 95%).
💡El MCID o Cambio Mínimo Clínicamente Importante
El MCID (Minimal Clinically Important Difference) es la diferencia más pequeña en una puntuación que un paciente percibe como beneficiosa y que justificaría un cambio en el manejo de su problema.
Imaginemos una escala de dolor EVA (0-10). Si un estudio dice que su programa de ejercicios redujo el dolor de media de 7 a 6.5 y hay una diferencia estadísticamente significativa. Pero, ¿le importa a tu paciente bajar medio punto? No. El MCID para el dolor musculoesquelético suele estar en torno a 1 – 2 puntos. Si la intervención no supera el MCID, no es clínicamente relevante, por mucho que el valor p sea menor a 0.05.
💡El Intervalo de Confianza (IC 95%) y la Ética Clínica
La media es solo un punto en el espacio. El Intervalo de Confianza del 95% nos dice, con un 95% de seguridad, entre qué valores reales se encuentra el efecto en la población. Aquí es donde radica el verdadero punto crítico de la evidencia.
¿Cómo leemos esto en la práctica y en nuestra toma de decisiones?
🔵 Si el IC 95% es negativo (o amplio y cruza el cero/no supera el MCID): Imagina que el efecto de una intervención sobre el dolor tiene un IC 95% de [-1.5 a +4.0]. Esto significa que a algunos pacientes les fue muy bien (+4), pero a otros no les hizo nada o incluso empeoraron (-1.5). Con este resultado no podemos aplicar la intervención a TODOS nuestros pacientes, tendremos que seleccionar muy bien. Nuestro deber empírico es identificar qué características tiene el paciente «respondedor» y aplicarlo solo en ellos para no perder el tiempo de los demás.
🔵 Si el IC 95% es totalmente positivo y supera el MCID: Si el intervalo de confianza es, por ejemplo, de [+2.5 a +5.0] en reducción del dolor, significa que en el peor de los casos (el límite inferior), el paciente va a mejorar por encima de lo clínicamente importante. Cuando nos encontramos con estos datos, podemos decir que lo ético, profesional y moral es aplicarlo a todos los pacientes que presenten esa condición clínica.
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💥Estrategias propias de la prescripción
Llegados a este punto, podemos empezar a usar una nueva herramienta con nuestros pacientes pero, ahora la pregunta es “¿Cómo?”.
En otros blogs ya hablamos de estrategias y formaciones más técnicas. Hoy os hablaré de algo muy sencillo para que podáis empezar sin frustrarnos ni perder tiempo: diferenciar a los pacientes entre comprometido y no comprometido.
Bien porque el paciente lo verbalice en la nariz o bien porque nuestro sentido arácnido nos diga que este paciente no va hacer nada, podemos dividir a nuestros pacientes en esos dos grupos:
🤸♂️El paciente comprometido
Es el paciente que tiene autoeficacia, que hace preguntas, que toma notas y que demuestra, a través de la monitorización inicial, que sigue las pautas. Aquí es donde invertimos nuestro tiempo.
🛌El paciente NO comprometido
Seré rotundo: No invirtáis tiempo en la prescripción de estos pacientes. Reducimos la prescripción a la Dosis Mínima Efectiva. Prescribimos un máximo de 1 o 2 ejercicios. Ejercicios ridículamente fáciles, integrados en su rutina diaria (ej. «haz 10 sentadillas cada vez que te levantes para ir al baño»). Buscamos ofrecerle al paciente un primer escalón de entrada MUY FÁCIL de superar. Una vez que esté dentro, en próximas sesiones podemos invertir más tiempo en la prescripción para progresar su tratamiento. Si es imposible y el paciente decide no entrar, no habremos perdido tiempo.
En el caso de los pacientes NO comprometidos nos gusta decir que la adherencia se entrena, igual que se entrena la fuerza muscular. Empezar con demasiado volumen en un paciente no comprometido es como poner a alguien a levantar 100 kg el primer día de gimnasio: se va a romper (en este caso, romperá el tratamiento).
“Las herramientas por sí solas no logran los resultados, los resultados los logran los pacientes y sus profesionales sanitarios”.
📊 RehBody y la monitorización real de la adherencia
Si la monitorización es el diagnóstico de la conducta, necesitas una herramienta que te permita medir, interpretar y actuar.
Con RehBody, puedes:
✔️ Prescribir programas personalizados y basados en evidencia
✔️ Monitorizar en tiempo real el cumplimiento del paciente
✔️ Analizar datos de adherencia de forma clara y estructurada
✔️ Detectar rápidamente quién es un paciente comprometido y quién no
✔️ Ajustar la Dosis Mínima Efectiva cuando sea necesario
La diferencia no está en tener datos.
La diferencia está en utilizarlos para adaptar tu razonamiento clínico.
RehBody convierte la monitorización en una herramienta estratégica para mejorar la adherencia, optimizar tu tiempo en consulta y tomar decisiones clínicas más precisas.
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Referencias
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- Jack K, McLean SM, Moffett JK, Gardiner E. Barriers to treatment adherence in physiotherapy outpatient clinics: a systematic review. Man Ther. 2010;15(3):220-228. doi:10.1016/j.math.2009.12.004
- Collado-Mateo D, Lavín-Pérez AM, Peñacoba C, et al. Key Factors Associated with Adherence to Physical Exercise in Patients with Chronic Diseases and Older Adults: An Umbrella Review. Int J Environ Res Public Health. 2021;18(4):2023. doi:10.3390/ijerph18042023

